Revista Brasileira de Educação do Campo
The Brazilian Scientific Journal of Rural Education
ARTIGO/ARTICLE/ARTÍCULO
DOI: http://dx.doi.org/10.20873/uft.2525-4863.2018v3n2p411
Tocantinópolis
v. 3
n. 2
p. 411-432
mai./ago.
2018
ISSN: 2525-4863
411
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Educación cooperativista y extensión rural
Palloma Rosa Ferreira
1
, Diego Neves de Sousa
2
, Michele Silva Costa
3
1
Universidade Federal de Viçosa - UFV. Departamento de Economia Doméstica. Avenida P. H. Rolfs, s/n, Campus
Universitário. Viçosa - MG. Brasil.
2
Embrapa Pesca e Aquicultura.
3
Universidade Federal do Tocantins
Autor para correspondência/Author for correspondence: pallomarf@yahoo.com.br
RESUMEN. Este estudio pretende analizar las relaciones entre
educación cooperativista y extensión rural en la gestión de
cooperativas agrarias. En la metodología se utilizó la técnica del
cuestionario que fue enviado a las cooperativas agrarias del
estado de Minas Gerais. En los resultados, se muestra que el
desarrollo de esta modalidad de educación y el trabajo llevado a
cabo por las organizaciones, especialmente la Empresa de
Asistencia Técnica y Extensión Rural del Estado de Minas
Gerais (Emater-MG), se ha manifestado como auténticas
organizaciones de naturaleza consultiva. Con esta investigación
se concluye que la extensión rural proporciona el
establecimiento de actividades educativas junto a las
organizaciones cooperativas agrarias. En este sentido, se puede
decir que educación cooperativista y extensión rural son
prácticas indisociables para una adecuada gestión de
cooperativas.
Palabras clave: Emater, Cooperativas Agrarias, Educación
Cooperativista.
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Cooperative education and rural extension
ABSTRACT. This study aims to analyze the relationship
between cooperative education and rural extension in the
management of agrarian cooperatives. Methodologically was
used the questionnaire technique that was sent to agrarian
cooperatives in the state of Minas Gerais. Among the results, it
shows that the development of cooperative education and the
work carried out by organizations, especially the Company of
Technical Assistance and Rural Extension of the State of Minas
Gerais (Emater-MG), have proven themselves as authentic
consultative organizations. It concludes that rural extension
provides the establishment of cooperative education activities
with agrarian cooperatives organizations. In this sense, it can be
said that cooperative education and rural extension are
inseparable practices for the proper management of
cooperatives.
Keywords: Emater, Agrarian Cooperatives, Cooperative
Education.
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Educação cooperativista e extensão rural
RESUMO. Este estudo tem por objetivo analisar a relação entre
educação cooperativista e extensão rural na gestão de
cooperativas agrárias. Na metodologia utilizou a técnica de
questionário que foi enviado às cooperativas agrárias do estado
de Minas Gerais. Entre os resultados, mostra que o
desenvolvimento da educação cooperativista e o trabalho
realizado pelas organizações, especialmente a Empresa de
Assistência Técnica e Extensão Rural do Estado de Minas
Gerais (Emater-MG), tem se demonstrado como autênticas
organizações de natureza consultiva. Com esta investigação
conclui que a extensão rural proporciona o estabelecimento de
atividades de educação cooperativista junto as organizações
cooperativas agrárias. Nesse sentido, pode-se dizer que a
educação cooperativista e a extensão rural são práticas
indissociáveis para uma adequada gestão de cooperativas.
Palavras chave: Emater, Cooperativas Agrárias, Educação
Cooperativista.
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Introducción
La educación cooperativista siempre
ha sido una acción relevante para las
cooperativas y por lo tanto merece la
atención de los estudiosos. Incluso antes de
que oficialmente se creara la primera
cooperativa en 1844, los precursores de la
Sociedad Equitativa de los Pioneros de
Rochdale, llamados utópicos socialistas,
Robert Owen y Charles Fourier, ya habían
añadido el tema en la agenda de sus
debates en grupos de estudio y trabajo,
especialmente en materia de desarrollo
humano, con miras a mejorar las
condiciones de vida del tejido social.
Directamente influenciado por los
socialistas utópicos y comulgando con
algunos de sus supuestos, los propios
pioneros proponen que la educación
cooperativista sea una de las bases para el
desarrollo de las cooperativas,
proponiéndola como uno de los principios
o normas que garantizan su
funcionamiento. Para hacerla posible, fue
necesario la creación de un fondo
específico para financiarla, conocido en el
derecho brasileño como Fondo de
Asistencia Técnica, Educativa y Social
(Fates).
Desde la creación de las cooperativas
y hasta la actualidad, la educación
cooperativista es uno de los principios que
se aplican en las organizaciones con
algunas modificaciones introducidas
posteriormente en las diferentes reuniones
de la Alianza Cooperativa Internacional
(ACI): 1934 (Londres), 1937 (París), 1966
(Viena) y 1995 (Manchester), como señala
Pinho (2003).
La última modificación de los
principios ocurrió en 1995, cuando las
cooperativas del mundo asociadas a la ACI
democráticamente realizaron su reunión y
modificaron el texto del quinto principio
cuyo título es: educación, formación e
información. Este principio tiene la
siguiente explicación:
Las cooperativas proporcionan
educación y capacitación para sus
miembros, representantes elegidos y
empleados para que puedan
contribuir eficazmente al desarrollo
de sus cooperativas. Informar al
público en general, especialmente
jóvenes y líderes de opinión acerca
de la naturaleza y beneficios de la
cooperación (ACI, 2017, p. 1).
Esto concepto amplia también el
contenido de la educación cooperativista,
incluyendo además de los asociados,
administradores, ejecutivos y demás
empleados de las cooperativas, pues la
asamblea ACI recomienda que los
beneficios de las mismas se difundan entre
el público en general y en particular entre
los jóvenes y los líderes de las
comunidades donde están presentes.
Debido a la importancia de la
educación cooperativista para estas
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organizaciones y delante de los rasgos
específicos de las cooperativas y su
diferente naturaleza, la pregunta que
orienta este estudio es ¿Cómo implementar
la educación cooperativista y cuáles son
los contenidos privilegiados de la
formación y capacitación dirigidos a los
distintos públicos presentes en las
cooperativas agrarias? También es
importante saber cuáles son los organismos
responsables por la realización de la
educación cooperativista y cómo este
trabajo es realizado.
Las cooperativas agrarias son
organizaciones intermediarias entre los
agricultores y sus mercados, cuyo objetivo
es prestar servicios a sus miembros, y
contribuir a la viabilidad económica de
propiedades rurales y/o con el aumento de
la calidad de vida.
Obviamente, las propias cooperativas
agrarias son responsables por la educación
cooperativista, pero hay toda una gama de
otras organizaciones que asisten o
complementan las actividades de las
mismas. Son aquellas organizaciones que
de una u otra manera se centran en el
desarrollo socio-económico. Entre las
dedicadas a promover la educación dentro
de sus respectivas áreas de especialización
en el estado de Minas Gerais, se puede
citar la Emater y algunas organizaciones
pertenecientes al Sistema S
i
, como Sebrae,
Sescoop y Senar, además de otras
instituciones de educación superior, las
ONG regionales y las Incubadoras
Tecnológicas de Cooperativas Populares
(ITCP).
En todo el enunciado se puede
percibir, por lo tanto, que el trabajo de la
educación cooperativista llevado a cabo
por las cooperativas agrarias, muchas
veces, por su rol y por el público que
atienden, pueden ser actividades
consideradas de extensión rural. En este
sentido, este estudio pretende analizar las
relaciones entre educación cooperativista y
extensión rural en la gestión de
cooperativas agrarias.
Para eso, fueron enviados
cuestionarios que contienen 24 temas, con
preguntas para respuestas cerradas y
abiertas, a las cooperativas agrarias de
Minas Gerais identificadas, en lo cual hubo
el retorno de 51 cuestionarios.
Así, en primer lugar, fueran dirigidas
a identificar la situación actual de la
educación cooperativista en relación a las
cooperativas agrarias. En un segundo
momento, las preguntas pretenden
determinar qué organizaciones han
ayudado a la realización del trabajo de esto
tipo de educación. Y, por último, intenta
verificar en qué áreas se perciben los
efectos de la educación cooperativista y
cuales ramificaciones de esta formación
corresponde específicamente a las
organizaciones cooperativas agrarias.
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La educación cooperativista
Este tema es apropiado para resaltar
las observaciones formuladas por ACI, a
través de su Comité Especial constituido
en 1966, sobre ciertas consideraciones de
la educación cooperativista. La Comisión
enfatiza sobre la importancia de esto
concepto al explicar que se debe ir más allá
de la simples educación formal, señalando
la necesidad de la realización de un
proceso permanente de aprendizaje
cooperativo, que trasciende la educación
institucionalizada en universidades y
escuelas.
Para cumplir esta directiva,
Desroche (2006, p. 137) subraya que:
A nivel cooperativo, tal visión
pedagógica se caracteriza por la
dualidad de la formación, en la cual,
por un lado, centros, institutos y
universidades ofrecen oportunidades
de educación cooperativista, a
menudo sin contactos con el
movimiento cooperativo, y por otro
lado, la condición autodidacta de
gerentes y ejecutivos de las
cooperativas que: o no reciben, o
reciben incorrectamente cuando la
toman o, es formación incompleta en
lo cooperativo y no es la formación
necesaria para la gestión social y
económica de las cooperativas.
Pero ¿Quién debe ser responsable
por la educación cooperativista? En el
punto de vista del ComiEspecial, es que
todos son directamente responsables por la
educación cooperativista. De esta manera,
pone relieve que, en primer lugar, debe
provenir de los socios de las cooperativas,
quienes mediante el uso de metodologías
apropiadas de educación de adultos deben
participar en discusiones en agrupaciones
regionales, grupos de trabajo, cursos,
seminarios, congresos, conferencias,
reuniones, asambleas y pre-asambleas,
entre otros medios de participación como
miembros, lo que les permite actuar de
manera más incisiva en la vida de sus
cooperativas.
Los directores, oficiales y empleados
se ponen en segundo lugar. Y en lo suyo,
los asociados han requerido cada vez más
técnica y formación adecuada, universitaria
complementada con una formación
específica sobre cooperativas en su
administración específica. Así, según
orientaciones de la Comisión, se torna más
difícil para que un profesional administre
una cooperativa porque se requiere ciertos
conocimientos profesionales adicionales,
como los aspectos sociales.
En tercer lugar y no menos
importante, la educación debe llegar a la
comunidad como un todo, porque es de
donde proviene el potencial candidato (a)
que futuramente puede convertirse en
asociado (Schneider, 1999).
En líneas generales, la educación
cooperativista promueve un rol de
liderazgo entre los miembros de las
organizaciones cooperativas y la
cooperación como una estrategia
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económica para el desarrollo. Sin embargo,
para habilitar la participación de los
asociados en la gestión de la cooperativa,
se requiere capacitación específica en
determinados contenidos vinculados a las
organizaciones de gestión económica.
Por lo tanto, la formación
cooperativista es específica para ese tipo
de organización socio-económica y sus
públicos. Una formación simples de
administración de negocios no sería
suficiente, tampoco no sería adecuada una
que sólo tendría protagonismo en la
discusión de los aspectos sociales de la
organización. Así, la formación debe
realizarse teniendo en cuenta las múltiples
facetas del sistema cooperativo y
esencialmente enseñar a los ciudadanos a
cooperar, a administrar su propia empresa
para finalmente poder democratizar a la
economía (Amodeo, 2001).
De esta manera, los cursos que se
lleven a cabo deben tener en cuenta los
diferentes públicos presentes en las
cooperativas, quienes a su vez, requieren
necesariamente contenidos educativos que
pueden administrarse conforme a sus
exigencias y rasgos específicos.
Otra pregunta complementaria a la
primera que se formula a la ACI (2017) es:
¿Qué se entiende por educación
cooperativista? La respuesta de la
institución es toda actividad que despierte
el interés de los asociados, si ya están
comprometidos con un método de
educación. Este concepto aplica de manera
similar a varias actividades relacionadas
con la economía, la sociedad, la cultura y
de una manera especial, con los cursos,
seminarios y trabajos en grupo,
organizado, por ejemplo, por los comités
de educación (Schneider, 1999).
También se menciona que estas
actividades deben, sobre todo, planificarse
bien, con objetivos claros, para que el
contenido pueda contemplar tanto los
aspectos administrativos y económicos,
como los aspectos sociales. Y, en este
sentido, la recomendación es utilizar
métodos de enseñanza que estimulen la
participación constante de asociados en los
procesos de enseñanza-aprendizaje. Así,
es notable que la participación es el
objetivo - porque es precisamente con el
fin de participar en los beneficios y la
riqueza generada por su trabajo que las
personas se unen en esta forma de sociedad
- y el medio - porque sólo a través de la
efectiva participación, consciente y
responsable de todos los miembros, es que
se obtiene el éxito de los objetivos socio-
económicos de la cooperativa - para crear y
mantener una cooperativa.
Cuando se piensa en el contenido de
la educación cooperativista, Schneider
(2003) agrega que se debe tener en cuenta
tanto la educación cooperativista como la
práctica de la cooperación con sus
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metodologías y estilos adecuados para
conducir el proceso de cooperación. La
enseñanza doctrinal es fundamental,
porque es ella quien, a través de sus
valores y principios, confiere sentido a
todo el proceso, que alienta y dirige todas
las actividades y prácticas colaborativas
hacia un mayor bienestar y dignidad de las
personas que conforman la cooperativa. El
trabajo sobre los principios y valores
cooperativos es el responsable por crear
entre los actores afinidad emocional de
cooperación que les motiva a cooperar y a
seguir cooperando. Sin embargo, la
dimensión doctrinal, para alcanzar sus
objetivos de manera eficiente, requiere el
uso de prácticas, tecnologías apropiadas y
metodologías (Schneider, 2003).
Es en este sentido que Valadares
(2005) establece la educación
cooperativista
como un proceso y un método para
formular y ejecutar políticas de
educación, cuyas características se
refieren a aspectos esenciales para la
práctica de la cooperación: gestión
democrática. Comprender el proceso
de preparación y adopción de planes
y estrategias de las cooperativas y las
bases de las decisiones de los líderes
y en su aplicación por parte del
organismo responsable, en la
administración, del servicio
educativo y el régimen de
organización adoptado por la
cooperativa (Valadares, 2005, p. 33).
Por lo tanto, y como se presenta aquí,
la educación cooperativista es un proceso
continuo de aprendizaje, que debe envolver
diferentes públicos (empleados, gerentes,
asociados, comunidad) y con diferentes
niveles educativo. Esto se justifica porque
hay ciertos requisitos que son específicos
para cada una de esas audiencias y por lo
tanto requieren una gestión cooperativa de
diferentes contenidos, formación y
capacitación, con propuestas para gestión
empresarial, participación social,
cooperación, producción, lo que hace el
proceso muy complejo y especializado.
Organización de Cuadros Sociales
La Organización de Cuadros Sociales
(OCS)
ii
es una práctica educativa
reconocida por los voceros de las
cooperativas y sus órganos representativos,
como primordial en el desarrollo de la
labor educativa, formación y capacitación
de asociados, contribuyendo directamente
a la promoción de la participación de los
miembros que se asocian a la organización.
Es una forma de organizar la gestión
social, ampliamente utilizada en las
cooperativas agrarias. Bien gestionada,
puede favorecer importantes espacios de
formación de OCS y participación de los
miembros, aumentando considerablemente
la participación directa de los distintos
grupos de agricultores asociados en la
toma de decisiones y control de la gestión
empresarial de las cooperativas. Así,
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además de ser un instrumento de educación
cooperativista, la OCS puede actuar como
un canal importante para el desarrollo de
los trabajos de extensión rural.
En la denominación de Organización
de Cuadros Sociales, se incluyen
diversas prácticas que tienen como
objetivo la formación de una nueva
instancia del ejercicio del poder en
las cooperativas, además de las
instancias que se encuentran
normalmente en sus estructuras
tradicionales. Estas prácticas
conducen a la conformación de
Comités Educativos o Consejos de
Representantes, que, a pesar de sus
diferentes formas de organización y
peculiaridades en su operación, son
conducidos por los mismos objetivos:
estructurar un espacio de poder en la
cooperativa, lo que permite la
participación democrática de la
mayor cantidad de miembros en la
gestión de la empresa cooperativa
(Valadares, 1996, p. 47).
Esto es porque la institucionalización
de la práctica de OCS en la cooperativa
significa una instancia de más
participación, pero de carácter menos
formal que las Asambleas, en el entorno de
la organización. La OCS permite la
extensión del ejercicio de poder en la
cooperativa, conduce a nuevas formas de
control democrático y la participación de
los miembros. En general, los comités
locales están organizados en diferentes
lugares de la zona de influencia de la
cooperativa, formada por socios, quienes
se reúnen periódicamente para obtener
información de su organización y
productos, discutir temas de interés
vinculados a la cooperativa, recibir
capacitación en diversos aspectos,
incluyendo técnicas sobre cuestiones
productivas. Es posible mencionar que por
medio de la instrumentalización de la OCS
en las cooperativas agrarias, se abordan
directamente tres contenidos: gestión
social, gestión empresarial y asistencia
técnica (Ferreira, Amodeo & Sousa, 2013).
La educación cooperativista referente
a la rama agraria dispensa atención de
modo especial la capacitación y formación
vinculada con la asistencia técnica
brindada a los agricultores, trata de influir
en los procesos productivos de la
propiedad rural de los miembros de la
cooperativa.
En este contexto, la educación y la
información permanentes a los asociados
toma un lugar prominente.
Las prácticas de Organización de
Cuadros Sociales son posibles a
través de los comités educativos y
otros direccionados a ampliar las
posibilidades de participación directa
de los distintos grupos de
agricultores rurales asociados; en la
toma de decisiones y control de la
gestión empresarial de las
cooperativas, trae implicaciones
políticas significativas para el manejo
y la conformación de conflictos entre
los grupos dominantes y los grupos
dominados de áreas regionales de
acción cooperativa (Valadares, 1996,
p. 11).
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Si por un lado, la aplicación de la
práctica educativa puede significar para los
pequeños agricultores, mayores
posibilidades de acceso a bienes y
servicios prestados por las cooperativas;
por otro lado, para los grandes agricultores,
la participación puede tener connotación de
amenaza, debido a la introducción de
nuevos actores sociales que participan más
activamente en las decisiones de la
cooperativa (Valadares, 1996).
Según el mismo autor, para dar vida
a los trabajos relacionados con la OCS,
muchas cooperativas agrarias están
creando un departamento propio conocido
como Comité Educacional, que está
vinculado directamente al Consejo de
Administración, responsable por las
actividades relacionadas con el desarrollo
político y social de los miembros, con el
fin de prepararlos, mediante actividades de
capacitación, para que puedan actuar como
usuarios y propietarios reales.
El crecimiento del número de
miembros de las cooperativas agrarias ha
provocado también la reducción de su
participación. Así, muchas cooperativas
han procurado establecer de forma
institucional la formación de subgrupos en
diversas localidades con miembros
pertenecientes a su ámbito de operación, a
fin de mejorar las condiciones de
participación de los asociados, permitiendo
de este modo enfrentar en grupo los
aspectos burocráticos existentes en la
cooperativa. Por lo tanto, a criterio de
Valadares (1996, p. 17), la OCS es "un
canal a través de lo cual los miembros
pueden expresar sus necesidades, deseos y
preocupaciones, además de proporcionar
un medio de comunicación e información
importante entre los administradores y las
bases sociales".
Relaciones entre educación
cooperativista y la Emater-MG
La trayectoria de Emater-MG está
entrelazada con la historia de la extensión
rural en Brasil. En este sentido, como su
predecesor, se puede citar la Asociación de
Crédito y Asistencia Rural (Acar), fundada
en 1948, que más tarde se amplió por otros
Estados de Brasil. La dicha institución fue
pionera con respecto a la asistencia técnica
y extensión rural en el país, con su labor
dirigida a la introducción de nuevas
técnicas en agricultura y economía
doméstica, fomentó la organización y el
enfoque del conocimiento generado en los
centros de investigación a los agricultores
(EMATER, 2009).
Las Acars se reemplazó por la
Emater en 1975, dejando de funcionar
como asociaciones, para constituirse en
empresas estatales que prestan servicios a
los agricultores y sus familias (Emater,
2009).
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El estado de Minas Gerais fue el
escenario de esta primera experiencia, a
través de un acuerdo celebrado con la
Asociación Internacional de Economía y
Desarrollo Social (AIA), de los Estados
Unidos, quien colaboró decisivamente para
la aplicación de este proceso.
En todos los países que han adoptado
la extensión rural, es notable la
influencia estadounidense sobre la
filosofía, principios, métodos y el uso
de los medios de comunicación. A
partir de esta influencia, la Acar
logró establecer una innovadora
experiencia en Minas Gerais, al
definir la familia del productor como
foco de acción de los extensionistas y
no los productos generados por ellos,
así como una pionera manera de
combinar el crédito rural y la
asistencia técnica (Emater, 1999, p.
5).
Actualmente ese enfoque sigue
vigente, aunque algunas veces, el contexto
histórico haya cambiado en cada situación
vivida, como el perfil de estas
intervenciones con consecuencias positivas
y negativas de este proceso.
La Emater-MG fue una importante
incentivadora de la organización y del
desarrollo de grupos asociativos, como las
cooperativas y asociaciones. En primer
lugar, en consonancia con la mentalidad
generalizada en las cadas de 1970 y 80,
en la cual las organizaciones de
agricultores se consideraron como
importantes activadores e instrumentos del
aspirado "desarrollo rural". También,
basados en su propia experiencia se ha
demostrado que a través del trabajo
colectivo es posible lograr mayores
beneficios que trabajando aisladamente.
Por lo tanto, al promover
organizaciones de agricultores, habría
mayor poder de negociación en la
comercialización de productos y en la
compra de insumos necesarios para la
producción, permitiendo mejores ingresos,
generando oportunidades y encontrando en
su propio medio las condiciones sociales
de reproducción, con calidad de vida.
Añadido a esto, se generarían
oportunidades para mejorar las condiciones
de acceso a las políticas públicas para este
segmento, porque dependiendo de las
características específicas, estas políticas
serían generalmente direccionadas a
grupos de individuos que se encuentran
organizados de alguna manera.
En este contexto, existe el
entendimiento de que el servicio individual
a las familias rurales es más costoso. Así,
la orientación al productor se desarrolla, en
su gran mayoría, alrededor de las
declaraciones del alcance colectivo. Otra
premisa que responde a esto es que "las
personas en el grupo aprenden más
fácilmente, se acostumbran a resolver
problemas comunes y a fortalecer el
espíritu comunitario" (Renault y Santana,
1996, p. 5).
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En este punto, debe destacarse que la
Emater-MG está directamente relacionada
con la Política Nacional de Extensión
Rural para los agricultores familiares,
jornaleros y colonos de la reforma agraria.
En este marco, además de resaltar la
productividad de las propiedades rurales,
promueve la mejora en la calidad de vida
junto con estos agricultores y sus familias
de manera sostenible. La Emater se ha
comprometido a asesorar las formas
organizativas, con el objetivo de promover
la participación de los agricultores en la
realización de programas y proyectos de
desarrollo social y económico. Lo hace,
movilizando a los agricultores para
participar en cursos y entrenamientos
profesionales, conferencias, reuniones, días
de campo, reuniones técnicas, Diagnóstico
Rápido Participativo (DRP) y otros eventos
de capacitación. Los contenidos de estas
actividades se orientan a: satisfacer las
necesidades de los agricultores en la
realización de trabajos del día a día en sus
propiedades; incluir en sus programas la
certificación de la producción y, en
consecuencia, su mejor aceptación en el
mercado de consumo; promover el uso de
ciertas tecnologías para cada tipo de
procesos productivos, educación
ambiental, economía familiar, entre otros.
En cuanto la esfera de competencia
de la Emater-MG y su relación con las
asociaciones/cooperativas, las directrices
tienden a propagar la idea de la
importancia de trabajar juntos y en
cooperación para consolidar las
comunidades rurales. Para eso, utiliza
algunos materiales educativos visando
apoyar este trabajo, tales como: carpetas y
manuales, que pretenden ser auto-
explicativos y fáciles de entender. Los
temas incluyen parte relativa a la gestión
cooperativa y asociativa, con énfasis en el
aspecto comercial de estas organizaciones,
contenidos acerca de las leyes de
impuestos, sobre la constitución y
legalización, las diferencias entre la
asociación y la cooperativa y el paso a
paso para la creación de estos
emprendimientos colectivos, su
funcionamiento, la doctrina, los principios
y los valores del cooperativismo. Sin
embargo, el énfasis principal de la Emater
está en asistencia cnica a los agricultores
y, por lo tanto, es en este sentido que ella
articula sus acciones con las cooperativas y
sus miembros, siendo su público
privilegiado.
Para mejor definir las relaciones
entre educación cooperativista y extensión
rural, se debe considerar también la
definición del concepto de extensión rural.
En este sentido, Dias (2007, p. 2) afirma
que:
La extensión rural es un conjunto
bastante diverso de concepciones y
prácticas que se expresan en servicios
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especializados y cnicos, asistencia,
asesoría, consultoría y apoyo
ofertados por organizaciones públicas
o privadas a una gran diversidad de
agricultores. Que es o lo que puede
ser extensión rural, depende del
agente que proporciona este servicio
y el propósito que guía su práctica. A
pesar de esta diversidad, una
característica parece ser común a esta
variedad de concepciones y prácticas
de extensión rural: la misión de
promover el desarrollo.
De esta manera, la educación
cooperativista, como se trabaja en este
estudio podría considerarse un tipo
específico de extensión rural, cuando se
desarrolla orientada a las organizaciones
cooperativas y sus miembros, con la
cooperación y participación como
directrices.
Cabe mencionar que la Emater es
reconocida como una organización que
realiza esta modalidad de educación. Como
las organizaciones cooperativas agrarias
están formadas por agricultores y el
mercado procesa lo que producen para
aumentar la productividad y la calidad.
Así, afecta directamente a la empresa
económica y, por tanto, consideran que
parte de su papel de 'educadora' está para
promover una "mejora de su capacidad
productiva” y de los asociados,
proporcionado por medio de la asistencia
técnica. Sin embargo, la Emater no
reconoce directamente su trabajo que
desarrolla como de educación
cooperativista, porque no entiende la
dimensión de ese principio, aún las
actividades realizadas sean efectivamente
características de educación cooperativista
como entiende la literatura.
Por lo tanto, la Emater por su propia
naturaleza tiene una larga trayectoria en
asesoramiento y instrumentalización de la
educación cooperativista, tratando de
desarrollar acciones para promover la
cooperación entre grupos de agricultores,
fomentar el trabajo colectivo y la
cooperación entre individuos y,
especialmente, porque los asuntos
relacionados con la asistencia técnica de
las cooperativas agrarias se consideran
parte del contenido de la educación
cooperativista.
Resultados y discusión
También se puede perfilar
informaciones sobre la base de la
recopilación de las 51 respuestas a los
cuestionarios, lo que permite obtener una
visión general de cómo es estructurada la
educación cooperativista en las
cooperativas, tomando como referencia el
punto de vista de los encuestados, que son
los participantes de las instituciones
agrarias de esta investigación.
De acuerdo con las respuestas
obtenidas, 22,2% de los informantes
indicaron que la educación cooperativista
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permite una mayor participación de los
asociados en decisiones importantes y 21%
reconoce que permite más comunicación
entre el mencionado público y la
cooperativa. Otros 19% de los encuestados
afirmaron que a través de ese tipo de
educación es posible difundir principios y
valores, junto con otro porcentaje igual que
registra como positiva la educación
cooperativista para la mejora de la
formación técnica de producción de los
miembros.
Este último hallazgo se confirma,
cuando se ratifica que las cooperativas
pertenecientes a la rama agraria incluyen
dentro de sus responsabilidades la
realización de actividades de educación
cooperativista, además del servicio de
asistencia técnica dirigido a los
agricultores. Otros 13% creen que esta
educación también permite mejoras de la
gestión económica de la cooperativa. Con
5% aparecen aquellos que dan crédito a la
unión de todas las alternativas anteriores,
señalando también que permite una mayor
adhesión de los miembros asociados en el
día a día de la vida cooperativa, se
vuelven más comprometidos con un
proyecto de emprendimiento que destaca el
enfoque sobre las posibilidades de
implementar asociaciones de aparceros,
esenciales para un mejor rendimiento en el
mercado. La Figura 1 permite visualizar
los datos descritos, evidenciando el papel
de la educación cooperativista.
Figura 1 - El papel de la educación cooperativista.
Fuente: Datos de encuestados en trabajo de campo.
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Al preguntar a los interlocutores si es
pertinente realizar la educación
cooperativista, 49% del total de los
encuestados respondieron positivamente;
32,6% reportó que la forma más útil y
efectiva para su logro es el desarrollo de
actividades educativas, como respuesta a
las diversas demandas y a los campos de la
actividad de la cooperativa (Figura 2).
Estas acciones incluyen conferencias,
cursos, reuniones y eventos.
Un número significativo (17,4%)
mencionó sobre la importancia de los días
de campo. 13% de los encuestados
señalaran como desmembramientos de la
educación cooperativista
proyectos/programas gubernamentales de
asistencia técnica y proyectos/programas
comunitarios de integración cooperativa,
junto con los de inclusión digital que se
desarrollan en las escuelas y celebrar
convenios con instituciones como el
Sescoop, Sebrae, Emater y Senar.
También es significativa para los
encuestados, con un porcentaje de 10,9%
la práctica de OCS. Con el mismo
porcentaje (6,5%) son mencionados los
informativos, entrenamiento/capacitación y
la realización de reuniones periódicas, tales
como: las promovidas por la junta de
directores, aquellas de cnicos con grupos
de asociados; y las Comisiones de
Productos y Servicios que son utilizadas
para la integración entre los empleados y
grupos de socios de las cooperativas en
organismos internos similares.
Figura 2 - Actividades consideradas de educación cooperativista.
Fuente: Datos de encuestados en trabajo de campo.
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En este sentido, es significativo
identificar los órganos de control social,
por la importancia que tienen como
herramienta para la promoción de la
educación cooperativista y participación en
la gestión social y económica,
especialmente porque esta práctica es
desarrollada especialmente por la rama
agraria.
Se constató a través de la
investigación que el desarrollo de la OCS
se realiza principalmente por medio de los
Comités Educativos (33,3%), Grupos de
Agricultores Locales y los Centrales
(29,2%). Como recurso de menor medida
existen las Comisiones de Productos y
Servicios (12,5%). Los hallazgos sobre
cómo las cooperativas encuestadas
desarrollan sus organismos internos de
control social y con cuál frecuencia, se
presenta en la figura 3.
Figura 3 - Cómo las cooperativas desarrollan sus organismos internos de control social
Fuente: Datos de encuestados en trabajo de campo.
De acuerdo con los impactos
positivos generados por la práctica de la
educación cooperativista, 45,8% de los
encuestados, asimilaron las reflexiones
sobre la gestión social de la cooperativa.
Los 16,7% del total de búsquedas,
reconocen impactos positivos en la gestión
económica. Los 31,3% de los encuestados,
siente el impacto en el aumento de la
producción y la calidad de los productos
comercializados. Esto está relacionado con
las constantes solicitudes para mejoras de
los procesos productivos de los asociados,
para sobrevivir en los mercados donde se
introducen. Incluso 6,3% de los
encuestados señalan que el impacto de la
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educación cooperativista se siente sobre la
participación de miembros de la
cooperativa en puestos de asesoramiento,
en la ampliación y capacitación de
asociados (Figura 4).
Figura 4 - Los impactos de la educación cooperativista en el desarrollo de las cooperativas.
Fuente: Datos de encuestados en trabajo de campo.
Entre los recursos disponibles en las
cooperativas para financiar la educación
cooperativista se encuentran los destinos
financieros, establecidos por el artículo 28
de la Ley número 5.764 de 16/12/1971.
Los objetivos son "proporcionar asistencia
a los miembros, sus familias y, los
previstos en los estatutos para los
empleados de la cooperativa, con los
recursos de al menos el 5% de los
excedentes del ejercicio" (Brasil, 1971, p.
1). Se puede observar la distribución de los
mencionados recursos - Fates - según sus
destinos en las cooperativas estudiadas, en
la figura 5.
Figura 5 - La distribución del uso de los recursos de Fates según sus destinos en las cooperativas.
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Fuente: Datos de encuestados en trabajo de campo.
Los resultados de la encuesta
muestran que la función de los destinos
financieros debe utilizarse principalmente
para la calificación de miembros
asociados. O sea, un tercio de los recursos
han sido destinados a la capacitación de
personal y 58% para los servicios de
asistencia técnica (agronomía o
veterinaria). Esta utilización de los
recursos muestra que es una situación que
parece estar relacionada con el tamaño de
la cooperativa. Las clasificadas como
grandes cooperativas (número de
miembros), hasta con 401 miembros,
utilizan los recursos de la educación
cooperativista, más intensamente con
destino a capacitar a sus empleados.
Probablemente esto se debe al
tamaño de la cooperativa, cuanto mayor es
el número de empleados, más se necesita
formación sobre los diversos aspectos
relacionados con las cooperativas para
elevar la calidad de la participación de los
miembros.
Igualmente se observa que en las
decisiones de educación cooperativista
pesa siempre la mención específica a la
asistencia técnica (diseñada para
incrementar o mejorar la producción en las
propiedades de los asociados) aunque sea
un destino no incluido en la ley, se puede
considerar para ser añadido en algunos de
sus ajustes. Sin embargo, asignar a los
destinos financieros para la asistencia
técnica es tradicional entre las cooperativas
agrarias en Brasil.
Conclusión
Educación cooperativista es uno de
los pilares en lo cual se fundamenta el
desarrollo de las cooperativas. Esta es
reconocida desde los orígenes del
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movimiento cooperativo y permanece
manifestándose reiteradamente entre los
miembros de las cooperativas, no sólo
cuando se les pregunta específicamente
sobre ella, sino también cuando se propone
la enumeración de los puntos críticos.
Es posible identificar los diversos
contenidos de educación cooperativista.
Además puede verse en una amplia
variedad de audiencias y promovidos
temas, así como metodologías y el tipo de
actividades incluidas en los procesos de
educación destinadas a las cooperativas
agrarias del Estado de Minas Gerais.
El caso de la Emater presenta una
larga trayectoria en el trabajo de educación
cooperativista, ya que desarrolla acciones
para promover la cooperación con grupos
de agricultores, fomentar el trabajo
colectivo y la cooperación entre
individuos, así como, en cuestiones
relativas a la asistencia técnica que son
consideradas por las cooperativas de
producción agraria como parte de los
contenidos de educación cooperativista.
Es de esta manera que el desarrollo
del trabajo de educación cooperativista
llevado a cabo por las organizaciones,
especialmente la Emater, se muestra como
auténtica empresa de asesoramiento,
quienes con un trabajo de naturaleza
extensionista, proporciona una serie de
beneficios a las cooperativas que buscan
viabilizar y hacer en su vida cotidiana la
materialización de las directrices y de la
formación recibida.
Es interesante observar que el trabajo
de la Emater ha sido relacionado con el
desarrollo de acciones que incluyen
educación cooperativista junta las
cooperativas agrarias. A pesar de no
reconocer como promotor de este
principio, sus acciones fueron
fundamentales en la consolidación de estas
organizaciones, mediante la oferta de
capacitación y formación adecuada a la
realidad de las cooperativas, sea mejorando
los aspectos de su diferente naturaleza o
mismo para llevar a cabo la asistencia
técnica a los asociados. Este fue
considerado como componente de
educación cooperativista por las
cooperativas, porque no era considerado
por los estudiosos como contenido de la
educación cooperativista. Por lo tanto,
parece que la extensión rural proporciona
el establecimiento de actividades de
educación cooperativista junto a las
cooperativas. En este sentido, puede ser
dicho que educación cooperativista y
extensión rural son prácticas indisociables
para una adecuada gestión de cooperativas
de la rama agraria.
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i
Son organizaciones del Sistema S: el Sebrae
(Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y
Pequeñas Empresas), el Senar (Servicio Nacional
de Aprendizaje Rural), el Senai (Servicio Nacional
de Aprendizaje Industrial), el Senac (Servicio
Nacional de Aprendizaje Comercial), el Senat
(Servicio Nacional de Aprendizaje del Transporte),
el Sescoop (Servicio Nacional de Aprendizaje del
Cooperativismo), todas las entidades de interés
público y el privado, cada uno dedicado a un grupo
social específico y generalmente vinculados e
impulsada por los sindicatos correspondientes.
ii
Organización de Cuadros Sociales (OCS) es el
equivalente en español de OQS por sus iniciales en
portugués. Sobre este tema ver Sousa et al. (2013,
2014, 2015) e Macedo et al. (2013, 2014).
Informações do artigo / Article Information
Recebido em : 17/09/2017
Aprovado em: 10/12/2017
Publicado em: 07/05/2018
Received on September 17th, 2017
Accepted on December 10th, 2017
Published on May 7th 2018
Contribuições no artigo: Os autores, conjuntamente,
foram os responsáveis por todas as etapas e resultados
da pesquisa, a saber: elaboração, análise e interpretação
dos dados; escrita e revisão do conteúdo do manuscrito
e; aprovação da versão final a ser publicada.
Author Contributions: The authors were responsible for
the designing, delineating, analyzing and interpreting the
data, production of the manuscript, critical revision of the
content and approval of the final version to be published.
Conflitos de interesse: Os autores declararam não haver
nenhum conflito de interesse referente a este artigo.
Conflict of Interest: None reported.
Orcid
Palloma Rosa Ferreira
http://orcid.org/0000-0001-7523-4731
Diego Neves de Sousa
http://orcid.org/0000-0003-3124-5150
Michele Silva Costa
http://orcid.org/0000-0002-7250-3200
Ferreira, P. R., Sousa, D. N., & Costa, M. S. (2018). Educación cooperativista y extensión rural…
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ISSN: 2525-4863
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Como citar este artigo / How to cite this article
APA
Ferreira, P. R., Sousa, D. N., & Costa, M. S. (2018).
Educación cooperativista y extensión rural. Rev. Bras.
Educ. Camp., 3(2), 411-432. DOI:
http://dx.doi.org/10.20873/uft.2525-4863.2018v3n2p411
ABNT
FERREIRA, P. R.; SOUSA, D. N.; COSTA, M. S.
Educación cooperativista y extensión rural. Rev. Bras.
Educ. Camp., Tocantinópolis, v. 3, n. 2, mai./ago., p. 411-
432, 2018. DOI: http://dx.doi.org/10.20873/uft.2525-
4863.2018v3n2p411